Hoy, tomando café con una persona, debatimos sobre nuestros trabajos. Discutíamos sobre si es o no es un “trabajo” hacer algo que te apasiona.

En mi caso me encanta tejer. Cuando se prepara un telar para empezar a tejer, has de echar muchas horas contando hilos, llevándolos de un palo a otro para hacer las medidas que necesitas, enhebrar cada uno de esos hilos por el peine primero y luego por las mallas de los lizos, etc…

Imaginaros esto con una media de 300 hilos. Y esto solo para montar el telar. Todavía no empecé a tejer ni os mencioné el tiempo que me llevó diseñar y calcular la pieza sobre el papel.

A pesar de todo, con cada vuelta entre esos palos de cada hilo, yo voy entrando en un estado muy relajante. Las manos se van templando con el roce del hilo en cada pasada y como si de un boceto se tratase, cuando todos los hilos de la urdimbre están contados y juntos, se atisba una primera impresión de lo que en tu cabeza habías imaginado.

Y es entonces, cuando me encanta el resultado y empiezo a tener impaciencia para empezar a tejer. Y junto con esta impaciencia, también tengo un punto de satisfacción que hace que me sienta muy bien.

Después, cuando llego al telar, todavía tengo muchas cosas en la cabeza. Como quedará, si añadir o quitar algún color o material en la trama, etc… Pero hilo a hilo, mi mente se va concentrando. Se concentra hasta tal punto que consigo únicamente pensar en como el hilo se desliza a través del ojal. Nunca hice meditación, pero creo que es lo que se busca, vaciar la mente para relajarse un montón. Y os aseguro que funciona. A mi me ha ayudado a evadirme de mis problemas, (que eran muy complicados en su día), y durante unas horas solo pensar en esos hilos.

Presumo de haber tomado decisiones importantes y resolver problemas en mi vida delante de un telar, jajaja. Este trabajo me centra y me produce muchas satisfacciones. Sin embargo es un trabajo duro y largo para una pequeña bufanda por poner un ejemplo.

¿Acaso todas esas horas de trabajo para esa pequeña bufanda, dadas las satisfacciones que me da el tejerla no es trabajo? ¿Acaso los que disfrutamos tanto con nuestro trabajo deberíamos de regalarlo o cobrar menos por él?

Pues yo creo que si es un trabajo y debe remunerarse como cualquier otro. Y en mi caso personal, os diré que por ese placer tan enriquecedor que me supone el tejer, muchas veces estoy tan absorta en él que no hago las pausas que debería para no terminar en el fisioterapeuta, jajaja.

Os aseguro que cuando trabajaba en una oficina, a menos que fuese algún problema importante, jamás me traía el trabajo a casa. Pero con la artesanía siempre estoy conectada. Si veo una película y en algún momento sale un tejido que me llame la atención mi cerebro empieza a funcionar. Si voy paseando y veo unos colores que me inspiren, mi cerebro empiza a funcionar. Cualquier estímulo es bueno para empezar a crear. Hasta en ocasiones tengo sueños en los que estoy creando, jajaja.

Por estas y muchas otras cosas, yo creo que las personas que hacemos de nuestra pasión un trabajo, realmente trabajamos el doble que las personas que son infelices en sus trabajos. Cuando realmente te gusta lo que estás haciendo no tasas el tiempo. ¿Que opináis?